El espectador

Era una extraña forma de vivir los segundos como lo hacía ahora, sin duda alguna había cambiado el tiempo, o había cambiado yo, me reconocía a mi misma como una desconocida, pero ella seguía inerte, con el mismo andar, el rose de su piel había cambiado, aunque ahora la sentía más mía. Sin embargo, no era fácil hacerle ver el mundo desde mi mirada subjetiva, que estaba tan trazada, que había pasado de ser un laberinto a convertirse en millones de vectores que conformaban otra galaxia, donde sólo ella habitaba en un sin fin de historias inconclusas, difícil de explicar o al menos no de la manera realista que ella necesitaba.
Mis sueños habían mutado pese a que me encontraba en el mismo lugar. Ya no eran lejanos, ahora estaban ligados a vivirse en 24 horas, eran fugaces, como las horas más felices que gastaba entre sus sabanas. Necesitaba inventar otro lenguaje, uno donde pudiese entender el universo disperso y paralelo en el que habitaba las horas restantes del día.
Últimamente el cielo es distinto, aunque está dividido, ahora es más claro, hay más luz, antes la oscuridad era lo único constante, y cuando uno se acostumbra a vivir entre sombras es difícil que se haga la luz en las pupilas, porque todo se ve en otro contraste aunque sigan siendo los mismos objetos. Éramos las mismas, pero desde otra perspectiva. ¿Cuándo habremos cambiado de espectador? Me pregunto si alguna vez volveríamos a vernos con los mismos ojos de las vidas pasadas… Y entre tanto, sigo inventando lenguajes que le cuenten lo que mis silencios han intentado decirle todo este tiempo.
¿Hacia dónde crece el sentido, cuando el silencio abarca el infinito? ¿Desde ahí podrías escuchar cuanto te amo?