La mirada fugitiva
Lo más importante de un escape es cuando empiezas a maquinar la huida en tu cabeza, trazas un mapa y los posibles destinos que existan dentro del laberinto, todo comenzó en Torreón, ciudad ubicada al norte de México, tiene sus orígenes estrechamente ligados al ferrocarril, la vida es como una vía que pese a la lentitud del tren siempre tendrá un destino en cual terminar. Mi vida son esas vías, caminos trazados cronológicamente sobre un espacio en el tiempo, volviéndose rutas perpendiculares, que en cada cruce abrían una puerta hacía otro destino. Torreón fue una fábrica de sueños en donde asenté mis vías hacía una búsqueda incansable llamado "Destino".
Nunca he pertenecido a ningún lugar, he sido fugitiva los últimos años, antes lo era sólo mental, ahora también lo soy físicamente, siempre buscando llenar el vacío de mi individualidad, pero de vez en vez, en cada escape tengo esa sensación de estar completa.
Hay un vacío inevitable que corre por mis vena, no sé cómo describirlo, sólo sé que se ha ido adueñando de mi, poco a poco, como mis silencios, como árboles en la tierra, no quisiera que ni la locura dejara de torturar ese espacio que encontré entre la carretera y mis pies.
¿Será acaso que un día la vida se canse de seducirme y me lance al olvido? Como aquellos que se van, los que se quedan luchan por sobrevivir, por tratar de permanecer, mientras los que se van borran su memoria. No tienen más que recordar.
¿Alguna noche llegará el olvido a cobijarnos y entonces, todo se habrá equilibrado? Pero ¿qué es esto que me envuelve y no me deja ir, o será que es falsa esta realidad que me atrapa y no me deja terminar de caer? Quizá lo averigüe en el camino, camino que desconozco, pero por el cual hoy debo seguir fugitiva.
Me he buscado tantas noches a solas, en mi habitación, dando vuelcos mirando al cielo. He recorrido todas las calles de direcciones que no existen, me he buscado en la nada abrazándome al vacío, he deseado regresar del pasado, de los silencios, de todo aquello que me pertenecía...
Pise los lugares donde alguna vez sostuve mi respiración y quisiera respirar nuevamente, exiliarme, envolverme en el olvido, no tengo problemas en olvidar. No me gusta vivir en tiempo, prefiero hacerlo en instantes.
El cielo luce vacío, parece no haber felicidad en él, creo que ya ni siquiera la reconoce, se siente solo y al recordar a ratos llora, para luego volverse a ir. Es el momento de buscar uno nuevo, quizá no más claro o menos contaminado, quizá sea más gris, lo que importa es que es el momento de seguir otro camino.
Tuve la firme intención de no escribir nota alguna sobre mí, aunque al final siempre termine haciéndolo. Escribo sobre los lugares que he recorrido, contaré sobre ellos, pero eso será parte de un nuevo relato, el próximo. Hoy sólo escribo del delicioso engaño que es hablar de algo que dices conocer a profundidad y al final no encuentras nada, en lo absoluto, dudo que exista, y ahora, no veo absolutamente NADA.
